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Mahoma concibe la revelación de la religión monoteísta como un único proceso que comienza con la Revelación de Yaveh en el Antiguo Testamento y culmina con la de Allah (en realidad la misma persona) en el Corán. No desdeña Mahoma la parte de Revelación que entre ambos textos corresponde al Nuevo Testamento y a su protagonista, Jesús de Nazaret, bien que no, por supuesto, en su condición de Hijo de Dios, condición que a un buen musulmán repugna, pero sí en la de profeta e incluso en la de Mesías.
De acuerdo con ello, Jesús registra en el Corán una presencia muy notable arrastrando consigo la de otros personajes neotestamentarios, entre ellos muy notablemente, el de su propia madre, María, única mujer mencionada por su nombre en todo el libro, y probablemente, el quinto gran protagonista de la obra. Pero también la de otros personajes tales como el Arcángel Gabriel, los apóstoles o San Juan Bautista.
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