La Hermana Concepción Llorente llega al Congo poco antes de la Independencia, con el francés aprendido en Bélgica e ignorando las lenguas nativas pero abierta a su aprendizaje y, lo que es más importante, a comprender su cultura, en unos años donde el etnocentrismo del colono europeo impedía descubrir al «Otro» africano. La sensibilidad cultural que muestra esta Hermana Franciscana Misionera de María no era frecuente en una época donde dominaba un modelo asistencialista de cooperación al desarrollo. Ella y sus hermanas procuraban dar sólo si los beneficiarios también aportaban y se involucraban en el proyecto, adelantándose en décadas a lo que han promulgado después las ONGs y las agencias de cooperación.